El 19 de octubre pasado se inauguró Monasterio, un centro especializado en entrenamiento para las artes marciales. Está ubicado en Teniente Pablo Riccheri 1005, localidad de Hurlingham, provincia de Buenos Aires. Cuenta con 200m2, repartidos en tres salones, un consultorio de nutrición y otro de medicina tradicional china.

En el salón multifuncional se realizan entrenamientos especializados. La sala de preparación física dispone de elementos para Tapout y funcional. Por último, hay un tercer espacio para nutrición y rehabilitación. Además, Monasterio brinda sesiones de acupuntura y clases de karate, tai-chiqigong, meditación zen, y yoga.

El flamante centro está equipado con pisos de goma, espejos, materiales para las artes marciales, bolsas de boxeo, pelotas, pesas rusas, elementos de entrenamiento funcional, cintas de trote, un elíptico, bicicletas BH Bikes, entre otras máquinas y accesorios.

Alejandro Zapparoli, dueño y gerente de Monasterio, es profesor y terapeuta en medicina tradicional china. Hace 40 años que se dedica a las artes marciales, habiendo hecho más de diez viajes al Oriente. “En la antigüedad Monasterio era el lugar donde los maestros se juntaban a compartir sus conocimientos y a deliberar”, explica.

Monasterio tiene una fachada inspirada en la cultura oriental antigua con un arco torii -como los que se encuentran en los santuarios japoneses-, y un portón original de un templo hindú con más de 300 años. En esta línea, Zapparoli remarca: “En mi mente siempre estuvo este proyecto (…) para mejorar la salud de la población”.

El diferencial de Monasterio es que busca aumentar la calidad de vida, combinando actividad física, rehabilitación, y nutrición. En un solo lugar se puede “tener o conseguir un cuerpo sano, una mente quieta dominando el estrés, y un espíritu elevado, pudiendo y estando seguro de mí mismo, sin mirar a mi alrededor”, concluye.