La velocidad de la caminata en las personas en torno a los 45 años puede utilizarse como un marcador del envejecimiento de su cuerpo y su cerebro, según determinó un estudio de la Universidad de Duke.

A través de la investigación se demostró que las personas que caminaban de forma más lenta tenían un envejecimiento acelerado y sus pulmones, dientes y sistemas inmunes tendían a estar en peor forma que las personas que caminaban más rápido.

“Lo que es realmente sorprendente es que esto se da en personas de 45 años, no en los pacientes geriátricos que generalmente son evaluados con tales medidas”, dijo Line J.H. Rasmussen, investigador postdoctoral en el departamento de Psicología y Neurociencia de la institución académica.

Igualmente sorprendentes son los resultados de las pruebas neurocognitivas que estos individuos tomaron cuando esas personas eran niños. Los datos podían predecir quién se convertiría en los más lentos a la hora de caminar. A los 3 años, sus puntuaciones en coeficiente intelectual, comprensión del lenguaje, tolerancia a la frustración, habilidades motoras y control emocional predijeron su velocidad de caminata a los 45 años.

“Los médicos saben que las personas que andan lento de setenta y ochenta años tienden a morir antes que los caminantes rápidos de su misma edad”, remarcó Terrie Moffitt, profesora de psicología de la Universidad Nannerl O. Keohane en la Universidad de Duke y profesora de desarrollo social en King’s College de Londres. “Pero este estudio cubrió el período desde los años preescolares hasta la mediana edad, y descubrió que una caminata lenta es un signo de problema décadas antes de la vejez”.

Los exámenes de resonancia magnética durante su última evaluación mostraron que los caminantes más lentos tendían a tener un volumen cerebral total más bajo, un grosor cortical medio más bajo, menos área de superficie cerebral y una mayor incidencia de ‘hiperintensidades’ de sustancia blanca, lesiones pequeñas asociadas con la enfermedad del vaso sanguíneo del cerebro. En resumen, sus cerebros parecían algo mayores.

Los datos provienen de un estudio a largo plazo donde participaron 904 personas que nacieron en Dunedin, Nueva Zelanda.

Para más información sobre el estudio clic aquí