El presente y el futuro de las empresas dependen de su relación con las personas a quienes sirven y de quienes se sirven.

Cuando hablamos de valores en los negocios, nos referimos a un recurso potencial que está conectado con el propósito del mundo de las empresas: servir. Estoy hablando de negocios como agentes de beneficio del mundo. Hoy en día, las empresas que hacen la diferencia son aquellas que entienden la ventaja competitiva de los valores.

Estas organizaciones conocen la importancia de la relación con sus proveedores y clientes, con su propia gente y con el medio ambiente. De esos vínculos depende su sustentabilidad en el tiempo. Aunque todo a su alrededor cambie -las condiciones del mercado, la disponibilidad de los recursos, la legislación, el medio ambiente, etc.-, la constante es que tienen un propósito y un potencial que no dependen de nada externo a ellas.

Para estas empresas, su misión y su gente representan el capital humano donde están guardadas las ideas, la fuerza intrínseca de toda creación posible, el diseño de sus sistemas, procedimientos, estructura, imagen, etc. Todo depende de las mejores ideas y éstas están en el individuo, no en las cosas ni en las situaciones. El presente y el futuro de las empresas dependen de su relación con las personas a quienes sirven y de quienes se sirven.
 
Una organización cualquiera puede poner en marcha la mejor campaña publicitaria para insertarse en el mercado. Pero si su gestión no inspira confianza en sus clientes, ésta no logrará lealtad como retorno. Si la promesa no es honesta, caerá por su propio peso. El valor de la confianza o credibilidad no es tangible, pero todo depende de ella.
 
Si en un equipo de trabajo no hay confianza, surge el miedo que inhibe automáticamente la creatividad de las personas. Entonces, se pierde la capacidad de innovación y la velocidad de respuesta. La inseguridad conduce a la competencia entre los individuos y esto impide el flujo de la información a tiempo. En consecuencia, las personas ya no sirven a los intereses de la empresa sino a su propio ego. Y así se pierde la sinergia que surge de la cooperación.

Donde hay problemas, no hay valores
Siempre aparecen los desafíos que ponen a prueba los valores. Lo más importante es la motivación, el clima laboral, la comunicación y el estado de las relaciones humanas. Hasta aquí las empresas han avanzado, a veces vorazmente, a cualquier costo, sin tener en cuenta el resultado en el futuro de sus acciones del presente. Sin evaluar el costo o la pérdida que implica tener gente poco comprometida o poco capacitada.

Cuando la gente sólo trabaja por dinero, su compromiso es superficial; sólo basta una oferta mejor y se pierde la inteligencia potencial. Quizá esa persona representaba mucho más en términos de ideas, de imagen, de ejemplo, que su propio sueldo. Pero no es valorada por eso. Cuando las empresas solamente ven en sus colaboradores un precio, ellos sólo ven en las empresas su precio. El producto puede ser igual, el precio también, pero nada atrae ni compromete a un consumidor cuando no se le ofrece un valor intangible real.

El marketing ha fracasado en la ilusión de vender valores y, por el contrario, ha creado necesidades irreales que hoy en día la gente ya no consume. La sustentabilidad de un paradigma sin valores es imposible y su caída es inevitable.

Cuando hay un clima de confianza, se fortalece el individuo que asume la responsabilidad de hacer su parte. La confianza despierta la creatividad, los talentos se hacen disponibles y surge la cooperación. Cuando la crítica es reemplazada por el respeto y el diálogo, aparece la unidad que fortalece a la organización, trasmitiendo una imagen sólida que da seguridad a sus clientes.

La consideración y el respeto habilitan la participación, el aporte de las mejores ideas, lo que implica aceptar la autoridad de la experiencia de las partes. Se requiere humildad para escuchar. Las personas que hacen la diferencia necesitan espacio para experimentar, para crecer. Y si no lo encuentran en una empresa, seguramente lo buscarán en otra. Uno puede retener a personas dependientes que representan manos, pero nunca retendrá a los líderes que generan los procesos de los que dependen las manos. Tienen su propio vuelo.

Es importante estimular el desarrollo de la autoestima del capital humano, proveer la oportunidad para que las personas se conozcan, se valoren, se organicen. Sólo esto mejora el clima laboral. Un equipo con una base sólida de autogestión sabrá superar los desafíos del tiempo.

Miguel Guidardini es Profesor de Educación Física (INEF). Consultor organizacional. Coach en Management y Liderazgo. Actual presidente del Centro de Managers Deportivos (CeMaDe). [email protected]

Texto publicado en la edición Nro. 38 de la revista Mercado Fitness – Año 2010 – Enero / Febrero

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