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Para el fundador de RehaMed International, “el potencial del mercado de la población con problemas de motricidad es enorme”

Hoy en día, cada vez más, tanto propietarios de gimnasios como proveedores de equipamiento en Estados Unidos están palpando los beneficios de posicionar sus servicios y productos entre la comunidad de discapacitados, que tiene 50 millones de personas. Y si a ese grupo se suman los individuos de tercera edad que llevan estilos de vida activos, se aprecia el enorme potencial de ese mercado.

Tal es así que el número de clubes que provee equipamiento especial para este segmento crece continuamente. Anticipando este escenario, en 1996, John Caden fundó RehaMed International, una firma con oficinas en Miami, especializada en el desarrollo de aparatos de gimnasia para personas con discapacidades motrices.

Originalmente, su firma comenzó produciendo ascensores de piscinas, para facilitarle el acceso a personas con problemas motrices que quisieran nadar. “La división fitness nació en 2004, con el objetivo de desarrollar máquinas que permitieran a individuos en sillas de rueda entrenar sin dolor”, explica el propio John Caden.

Su primer producto de fitness, el VitaGlide, nació de una investigación realizada en el Proyecto Miami para la Cura de Parálisis. “Patrick Jacobs, un médico fisiólogo del ejercicio, nos trajo la idea de desarrollar una máquina para entrenar el tronco superior que aliviara el dolor de hombros de personas en silla de ruedas, al permitirles ejercitar grupos musculares de ambos lados de la articulación”, explica.

Evolución del mercado

En Estados Unidos el mercado de personas discapacitadas está creciendo. “Inicialmente –explica Caden- sólo había pequeños proveedores vendiendo a través de sitios web o de catálogos de manera directa a esa comunidad específica. En general, los gimnasios no ofrecían comodidades para ese segmento de la población”.

Pero con la aprobación de la ley ADA (Americans with Disabilities), los gimnasios fueron forzados a contemplar a este grupo de personas instalando baños para discapacitados, lugares reservados en el estacionamiento, y realizando otros cambios estructurales en sus edificios, como rampas y ampliaciones de puertas y pasillos.

“Estas modificaciones – agrega Caden- fueron encaradas por los gimnasios para evitar multas por no cumplir con lo que fijaba la ley ADA. No obstante, aunque a partir de ese momento tenían acceso a los clubes, los discapacitados generalmente no encontraban allí actividades o equipamiento especial que ellos pudieran usar”. Hoy la realidad ya es otra y cada vez más gimnasios cuentan con estos aparatos.



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