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Gimnasios en Santiago del Estero, con nivel mediocre de servicios

Santiago del Estero es sin dudas una de las provincias económicamente más pobres de Argentina y tal realidad se ve reflejada en casi todos los órdenes: comercio, industria, servicios, salud, educación, etc. Y, claro está, el mercado de fitness es parte de este panorama.
Según algunos propietarios de gimnasios consultados, la situación general es “complicada” tanto en lo empresarial cómo en lo profesional, y coinciden en que el mayor problema radica en la difícil situación socio económica que atraviesa la provincia.
“El mercado local está sumamente deprimido. La administración pública emplea al 80 por ciento de la gente y el salario mínimo de bolsillo ronda los 300 pesos. Aquí hay muy pocos sueldos que superan los 1.000. Entonces, el gimnasio está siempre último en la lista de prioridades”, explica Luis Farias, director de Farias Boxing.
“Los socios–prosigue- están acostumbrados a pagar cuotas bajísimas porque siempre se les ofrecieron servicios mediocres. Por otro lado, hay una dejadez generalizada de los propietarios que toman a sus gimnasios como un rubro anexo, porque la mayoría tiene un trabajo aparte”.
Farias Boxing tiene una media de 300 clientes y su superficie es de 750 metros cuadrados. “Somos el gimnasio con las instalaciones más grandes que hay aquí, con la mayor variedad y cantidad de máquinas, pero a nivel nacional no podríamos ni empezar a competir”, reconoce Farias.
En cuanto al valor de las mensualidades, según Alejandra Zaiek, responsable del Spa New Fitness, “de abril a julio la concurrencia a los gimnasios se reduce 50 por ciento respecto al resto del año” y esa situación “nos obliga a bajar la cuota tanto, que después es muy difícil cubrir nuestros gastos fijos”.
Al respecto, Ricardo Gallardo, director del Gimnasio Centro, ubicado en La Banda –la segunda ciudad en importancia de la provincia, con alrededor de 100 mil habitantes-, dice: “Ha habido mucha competencia, pero no de calidad, sino más que nada de precios. Aunque, en general, los gimnasios son baratos, inclusive el mío. Cobro alrededor de 20 pesos por mes, pero hay otros con cuotas de 15 y uno llegó a cobrar 7 pesos el mes, lo cual es denigrante”.
Tal panorama, en la opinión de este profesor de educación física, “ha desbaratado mucho la situación porque equipar un gimnasio es costoso”. En este sentido agrega: “Cuando los ingresos son pobres, uno tiene al gimnasio poco equipado. Como ejemplo puedo decir que en toda La Banda no hay ni una sola cinta de trote profesional”.



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