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Con 6 años de demora, la Ciudad de Buenos Aires empieza a habilitar los gimnasios

Hasta el 98 los regía una ordenanza que fue derogada por una nueva ley. Pero como esa normativa nunca se reglamentó, quedó un vacío legal. Y por eso muchos gimnasios funcionan hoy casi sin control.

Es una de las actividades de crecimiento más sostenido y visible en los últimos tiempos pero, increíblemente, hace seis años que el Gobierno de la Ciudad no tiene un procedimiento que reglamente su funcionamiento. Los gimnasios de Buenos Aires recién comenzarán a ser habilitados como tales a partir de ahora, de acuerdo con una norma que acaba de ser dictada. Será, de todas maneras, una habilitación provisoria, ya que la ley que regula la actividad sigue sin ser reglamentada por el Poder Ejecutivo, a pesar de que fue sancionada en 1998.

El resultado es que los gimnasios porteños —serían más de 1.000— sólo funcionan habilitados como tales si fueron instalados antes del 98, cuando se regían por una vieja ordenanza. Desde 1999, hay entre 180 y 200 gimnasios que han pedido su habilitación, según los números de la Dirección General de Habilitaciones. Así, esos locales funcionan desde hace años con la habilitación en trámite. También existen gimnasios habilitados como negocios de otro rubro: por ejemplo, instituto de danzas o natatorios, si tienen pileta.

La ley de gimnasios, que lleva el número 139, derogó la ordenanza 41.786 —que hasta entonces regía la actividad—, pero no empezó a aplicarse por la ausencia de reglamentación.

Para solucionar esta situación provisoriamente, la Dirección General de Habilitaciones y Permisos acaba de dictar una disposición que establece las condiciones en que serán habilitados los gimnasios hasta que la cuestión esté resuelta definitivamente.

“La reglamentación no salió hasta ahora porque requiere consensos de muchas áreas distintas del Gobierno. Mientras tanto, con este permiso precario permitimos regularizar la situación de los gimnasios”, dijo a Clarín, Miguel Figueroa, director de Habilitaciones de la Ciudad. Los únicos requisitos específicos que establece esta disposición para que un gimnasio sea habilitado provisoriamente es que tenga un servicio de emergencias médicas y seguro contra terceros.

La ley 139, en cambio, pone muchas más condiciones que ayudan a controlar la salud: exige que las actividades sean supervisadas por un profesor de educación física, que todos los clientes entreguen un certificado de aptitud física renovable periódicamente y que el personal del gimnasio esté capacitado en técnicas de reanimación cardiorrespiratoria y primeros auxilios.

Los que están en la actividad aseguran que no será problema cumplir con los dos requisitos que establece la nueva disposición —servicio de emergencias médicas y seguro contra terceros—, ya que la mayoría de los gimnasios funcionarían bajo esas condiciones. Claro que ahora las necesitarán ineludiblemente para acceder a la habilitación provisoria.

La cuestión, de todas maneras, también podría esconder diferencias entre los gimnasios grandes y los de barrio, en general más chicos. Sucede que a estos últimos se les haría más complicado competir si las exigencias legales se hacen más severas. Así lo plantea un directivo de un gimnasio importante que prefirió reservar su apellido: “Algunos gimnasios chicos están a cargo de patovicas sin ninguna formación, cuando se debería exigir que sean profesores de educación física”.



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