Expertos

Allí donde nace la relación entre el entrenador personal y el gimnasio se esconde el germen de futuros litigios. Lo primero a responder es si este profesional es un trabajador dependiente o un empresario autónomo.

Desde un primer punto de vista, el entrenador personal es un profesional autónomo. Una marca en si mismo que, para gran parte de su trabajo, necesita de las instalaciones de un gimnasio. Visto de esta manera pueden comenzar a resolverse algunos otros entuertos.

Si la relación se verifica entre dos “empresarios” -dos unidades productoras de servicios en propio beneficio- queda excluída la figura contractual del derecho del trabajo. Así se supera el corcet de hierro que configuran los artículos 5, 14, 21, 22 y 23 de la Ley de Contrato de Trabajo, entre otros, que definen las calidades de organización empresarial, trabajador, contrato y relación de trabajo dependiente.

Pero la cuestión no es tan simple. Unos y otros deberán ser ajenos a sus respectivos beneficios. El entrenador no deberá percibir nunca del gimnasio honorarios por sus servicios, no deberá tampoco recibir órdenes o pauta alguna de trabajo y pactará libremente con sus clientes los “honorarios” que estos le abonarán por sus servicios. Porque la exigencia de la protección -al trabajador dependiente- no deviene tanto de la subordinación jurídica, sino de la situación de dependencia económica derivada de una inferior capacidad de negociación.

A cambio de ello, el gimnasio o la marca ofrecerá sus intalaciones, percibirá un canon por la utilización de las mismas y hasta podrá participar de la ganancia neta que obtenga el entrenador por la atención a sus clientes. Finalmente, juntos solventarán los seguros que correspondan para salvaguardar la salud e integridad de sus socios y clientes.

Así quedan descartadas tanto la figura “empresarial –patronal” del gimnasio, como la figura dependiente y explotada del entrenador personal. Por otra parte, uno y otro, siendo empresarios, podrán hacer valer sus respectivas voluntades contractuales, a través de la autonomía de la voluntad de cada uno de ellos, la cual no estará recortada o limitada por el llamado “orden público laboral”.

Carlos Turri es abogado. Master en Derecho de la Empresa. Especialista en Derecho Deportivo. Apoderado General Judicial de WELLclub. cturri@uolsinectis.com.ar

Texto publicado en la edición Nro. 17 de la revista Mercado Fitness – Año 2006 – Julio/ Agosto



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