Expertos

“Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos”. Formar un equipo no es una tarea con fecha de finalización, sino una construcción diaria.

Tal vez uno de los problemas más significativos en los gimnasios es la formación de los equipos de trabajo y de sus integrantes. Ya sea que llamemos a éstos recursos humanos, capital humano o clientes internos, en definitiva estamos hablando de personas que deben trabajar en red, es decir, en interacción y colaboración. Pero ¿por qué en algunos casos resulta tan complejo lograrlo? Los invito a pensar juntos algunas ideas, más con la intención de generar nuevas preguntas que con la de encontrar soluciones únicas.

Una de las creencias menos útiles sobre los equipos es pensarlos como estructuras fijas y permanentes. Si tenemos en cuenta que las personas que los conforman están en constante transformación, podríamos considerar que lo mismo ocurre en los grupos de trabajo: modificaciones internas o externas, cambios de objetivos, miembros que se suman, otros que se van, etc. Lo importante es comprender que los equipos de trabajo, y sus integrantes, están en permanente proceso de transformación.

Esto significa que hay cambios tanto en la estructura como en las necesidades de los miembros del equipo. Por lo tanto, la formación de un grupo de trabajo no es una tarea que puede tener fecha de finalización, muy por el contrario, es una tarea que requiere de una construcción diaria.

Una visión facilitadora
Estos cambios y transformaciones demandan líderes en contacto permanente con el equipo, que observen y conversen continuamente de forma grupal e individual, para poder acompañar y facilitar el proceso. Este contacto no es sólo una acción aislada en determinadas situaciones de crisis, sino una política de trabajo y un hábito que debe ser instalado dentro del equipo.

Esta visión facilitadora permite generar mejoras significativas en los niveles de comunicación, confianza y compromiso de los integrantes de un equipo. Esta cadena representa la piedra fundamental a partir de la cual se construyen y desarrollan los equipos de trabajo.

La comunicación efectiva y clara permite que la información importante circule permanentemente dentro del grupo. El manejo de la misma por parte de todos los integrantes es vital para alcanzar los objetivos. Difícilmente un equipo sepa hacia dónde ir si no tiene claro tanto el objetivo como cada uno de los pasos y tareas para lograrlo.

En la mayoría de los casos, la comunicación con la que el grupo trabaja está relacionada con un estilo que denominamos comunicación emocional y es de poca utilidad para éste. Sus características están ligadas a lo personal, enfocadas en los errores o la culpa y poseen un carácter negativo. Un ejemplo de ello puede ser las llegadas tarde de un profesor a una clase. Si se suman varias, antes de conversar sobre el tema se genera una acumulación de malestar que se exterioriza con declaraciones de este estilo: “Juan, siempre llegas tarde. No puede ser que hagas esto, sos un irrespetuoso. La gente se queja por tu culpa, así que la próxima vez te quedas sin trabajo”.

Mientras que, por otra parte, podemos recurrir a una comunicación efectiva que se relaciona con las tareas y con la búsqueda de soluciones o alternativas, y es de carácter positivo. En el desglose de la comunicación, la información útil dentro de un equipo la podemos pensar de forma diferente a la que se utiliza regularmente (de carácter emocional). A esto llamamos otra información, que debe incluir en el mensaje:

- Objetivos (para qué / meta)
- Tareas (cómo / plan)
- Recursos (con qué / herramientas o colaboradores)
- Acción (cuándo / plazo y fechas)

Si se transforma en “otra información”, el ejemplo anterior quedaría así: “Juan, quisiera conversar con vos los horarios. Hay cuestiones que no están funcionando bien. Si estás de acuerdo, tendríamos que buscar una manera para que puedas comenzar puntualmente tu clase. ¿Hay alguna razón por la cual te demoraste en más de una oportunidad? (objetivo). Si te parece, cuando termines la clase nos reunimos a vemos qué opciones podemos encontrar (tareas). Está libre el salón 2 y creo que en 30 minutos lo podemos resolver (recursos). Yo tengo disponible hoy de 17 a 20, ¿en qué momento te parece mejor (acción)?”

Sea cual fuere la información circulante, si posee estas características se transforma en comunicación efectiva y resulta muy positiva para el funcionamiento del equipo.

Confianza y compromiso
La confianza es clave para reforzar la red interna de trabajo, y ésta se genera como consecuencia de una óptima comunicación. La confianza dentro del equipo, hacia y desde quien lidera es la que brinda la posibilidad de construir grupos más sólidos y autocríticos. Si no existe un alto nivel de confianza será difícil poder revisar en conjunto los errores y las responsabilidades de cada integrante, y sin esta revisión no hay chances de mejoras.

En estos casos también es importante observar cómo se trabaja internamente sobre los errores, de qué forma son evaluados y aplicados en función del proceso de aprendizaje, crecimiento y transformación.

El compromiso de cada integrante con la tarea es en principio algo que podemos denominar compromiso externo (horario, puesto, responsabilidades, etc.). Por otra parte, el compromiso interno, basado en los valores personales y en todo lo que excede a la tarea específica, sólo es alcanzado por aquellos que sienten la confianza necesaria en el resto de los integrantes del equipo, incluidos los líderes. El sentido de pertenencia, la alineación con los valores del grupo genera un mayor nivel de compromiso interno en cada uno de los integrantes.

La potencia del equipo
Una herramienta importante, y tal vez la más relevante para desarrollar la potencia de los equipos, son las reuniones. Algunas pueden ser de carácter formal, programadas y planificadas, mientras que otras se generan de manera informal, espontánea y casual.

No existe posibilidad para que un equipo explote al máximo su potencia si no es trabajando en conjunto. Para quienes lideran equipos esto significa la responsabilidad de generar espacios para que las personas se encuentren. Si estos encuentros están planificados y su desarrollo es coordinado, representan una de las herramientas más potentes de un equipo.

Y nos referimos a potencia y no a potencial, ya que la potencia es la acción de máxima eficiencia puesta en funcionamiento, mientras que el potencial alude a un supuesto futuro de lo que podría ser.

Cada integrante de un equipo posee un mundo propio y valioso de ideas y opiniones que pueden resultar útiles a la hora de resolver diferentes cuestiones en el gimnasio. Sin importar a qué área específica pertenezcan, es interesante sumar a todos en la búsqueda  de soluciones o ideas para un proyecto. En muchos casos, quien está en un determinado sector ya posee una visión permanente y parcial que puede ser confrontada y mejorada por la de otras personas, de diferentes áreas. Lo mismo ocurre con los niveles jerárquicos, no siempre la persona que lidera tiene la respuesta correcta o la mejor.

Si sumamos a todas las personas y a sus ideas tendremos más y mejores opciones para decidir, solucionar e innovar. Es aquí donde reside la potencia de los equipos.

En relación con los equipos de trabajo y su liderazgo, podemos afirmar que éstos trabajan contagiados con la política y el humor de quienes los lideran, y éste es un punto importante a tener en cuenta para analizar el funcionamiento de los grupos. La extensa tarea de definir en profundidad cuál es el papel de el o los líderes, sus funciones, sus estilos y sus desafíos, será tema para otra oportunidad.

Simple y efectivo
Seguramente no existe un método único o una sola manera de trabajar en equipo, y en cada caso las reglas generales también tienen sus excepciones. Sin embargo, en la búsqueda de herramientas, las opciones más simples muchas veces resultan las más efectivas. La mejor manera de construir el trabajo en equipo es que el equipo trabaje en construir.

Una construcción basada en la creación de nuevas ideas y propuestas en conjunto, la ejecución efectiva de las tareas asignadas en los tiempos acordados, la identificación y alineación con los valores del equipo y el apoyo e interacción entre los integrantes.

Las posibilidades de crecimiento de un equipo, así como sus mejores herramientas, surgen de manera más efectivas si son desarrolladas, analizadas y acordadas por el mismo equipo. Ray Kroc, fundador de una de las cadenas de comida rápida más exitosas del mundo, escribió alguna vez: “Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos”. Simplemente, visión de equipo.

Julián Rud es Socio Gerente de la consultora Fitcode. Especializado en Counseling. Actual consultor asociado de QS Consultora Psicosociológica de la Organización. j.rud@fitcode.com.ar

Texto publicado en la edición Nro. 49 de la revista Mercado Fitness – Año 2011 – Noviembre / Diciembre



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